
Esa mirada de admiración que tengo cuando te veo
o simplemente es que me encandilo cuando tus ojos se hacen uno con el cielo.
Es el poder de estar en una dimensión donde el mundo cobra un papel secundario por unas horas
y yo me mudo a un lugar donde vivo eternamente de vacaciones.
Son las sonrisas, las manos, el carnaval de endorfinas que hace que el corazón se quiera escapar del pecho cual niño con sobredósis de caramelos.
Todavía comparo todo con tu silueta.

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